


ECon la publicación de su último libro, “El secreto encanto de la KGB,” Marjorie Ross nos hace un buen regalo a sus lectores. Se suma esta obra a su rica y variada producción en la que destacan entre otros, “Al calor del fogón”, “La magia de la cocina limonense” y “La otra vanguardia, la vida de Jaime Cerdas”.
Este nuevo libro narra interesantes historias de acciones, estilos, sistemas de operación, aliados y amigos de la “temible” KGB, órgano del estado soviético dedicado a labores de inteligencia, represión, promoción de insurgencias y asesinatos, para citar solamente algunas de sus más relevantes funciones. Nos traslada a una época de la historia de la Unión Soviética sometida a la paranoia de José Stalin, quién aniquiló con la misma frialdad a sus enemigos como a sus aliados y amigos que caían en desgracia. El libro nos transporta al planeamiento y final consumación del asesinato de Trosky, pasando por pasajes de su vida en el exilio en México y la vinculación y romance con la artista Frida Kahlo y su esposo Diego Rivera.
Este paso por la era de la Guerra Fría, nos ubica en el periodo de expansionismo del comunismo y evidencia cómo artistas e intelectuales connotados de América Latina se suman y facilitan diferentes acciones de la política soviética y estalinista.
La narración la hace la autora al desarrollar las diferentes vidas y personalidades que asume un connotado agente y espía Iósif Griguliévich quien con gran habilidad desempeña diferentes roles y personajes en el mundo del espionaje, y a pesar de que sus más cercanos jefes y compañeros terminan bajo la paranoia de Stalin, logra sortear todos esos vaivenes propios de la época para terminar sus días como un destacado académico.
Pero ¿qué hace que esta obra pase de ser una historia del espionaje soviético a convertirse en una obra de historia costarricense? Ni más ni menos que una de las vidas de Griguliévich es como ciudadano costarricense, quien pasaporte en mano, facilitado por un escritor patrio quien para la época se desempeñaba como cónsul de nuestro país en una nación suramericana, llega incluso a desempeñarse como miembro de nuestro servicio exterior en Europa, desde donde se relaciona con empresarios, ministros y ex presidentes de la República.
Su rol llega a ser tan distinguido, tanto en Costa Rica como en el Kremlin, que ejerciendo como nuestro representante diplomático se le ordena ejecutar el asesinato del Mariscal Tito, Jefe de Estado de la antigua Yugoslavia y objeto de la furia de Stalin. Es casualmente la muerte del déspota ruso lo que cancela los planes y libra a nuestro país de verse involucrado en una acción de semejante naturaleza.
Es interesante destacar como esa ingenuidad o bien esa facilidad -presente en el país y en nuestros círculos políticos- para sucumbir frente a recepciones, cenas elegantes, apellidos sonoros o ante la ostentación de riqueza, lleva a que un espía bien asesorado por un compatriota nuestro, fácilmente escale en nuestra diplomacia hasta estar a punto de cometer un asesinato que habría conmocionado al mundo.
Historias como esta nos recuerdan a Savundra y otros personajes acogidos con distinción en las estructuras económicas, políticas y diplomáticas del país. Ojalá que la publicación de esta historia nos desarrolle una mayor y mejor malicia para evitar tanta candidez en el entorno nacional.
Sin lugar a dudas esta obra, seriamente documentada, respaldada en una sólida investigación y escrita de una forma sencilla y amena, es de obligada lectura tanto para entender mejor una época (la Guerra Fría) un sistema político (el soviético estalinista) como un estilo costarricense (el fácilmente impresionable). Desde ya esperamos la próxima producción de Marjorie.