


En nuestro país existen muchas disciplinas deportivas, cada una con sus seguidores, clubes y entrenadores. Algunas tienen más practicantes y aficionados que otras. En unos deportes somos mejores que en otros. Desplegamos un verdader acroiris de actividades. No obstante, y a pesar de esa variedad, una de ellas cuenta en exclusiva con apoyo económico, respaldo claro y definido del Estado e incluso del sector privado, el fútbol.
Los millones que se mueven en el fútbol hacen lucir como si sólo ese fuera el deporte costarricense, a tal extremo que el futuro entrenador de nuestra selección nacional devengará un salario de muchos millones de colones. Su ingreso mensual supera los presupuestos anuales de muchas federaciones deportivas juntas.
Esto podría ser menos controversial si en el futbol fuéramos una potencia, al menos en nuestra región de Concacaf, y si esta disciplina generara grandes glorias para el país. En la realidad sin embargo, todo lo contrario. Vamos perdiendo posiciones de relevancia, países a los que en el pasado derrotábamos con facilidad nos superan y para rematar ni siquiera estuvimos en la última Copa Mundial.
Son otras disciplinas las que nos dan reconocimiento mundial: natación con varias medallas olímpicas, atletismo con los triunfos de Nery Brenes, boxeo femenino con el título de Hanna Gabriel, ciclismo con dos excelentes jóvenes corriendo en Europa como son Andrey Aguilar en ruta y Paolo Montoya en montaña. Así podríamos citar otros ejemplos.
Resulta completamente absurdo que quienes ponen en alto el nombre de nuestro país con gran sacrificio personal no cuenten con el respaldo decidido del gobierno. Son lamentables las historias que escuchamos de cómo muchos de estos deportistas no cuentan ni siquiera con lo mínimo cuando van a una competencia internacional y ni qué decir del número de los que no pueden asistir por falta de presupuesto, tiquetes, viáticos, entre una larga lista de otras limitaciones. La danza de millones del fútbol, debería de redistribuirse en beneficio de otras disciplinas. Necesitamos verdaderas escuelas deportivas que preparen a los medallistas de mañana, que permitan rescatar valores en provincias como Limón que por falta de asesoría, educación y preparación se desperdician y para que podamos rescatar o prevenir que muchos jóvenes caigan en la droga, el alcoholismo y la delincuencia.
Una mejor distribución de los recursos dedicados al deporte, será sin duda una de las mejores armas para combatir la inseguridad ciudadana, la nefasta deserción, y los crecientes problemas de salud que aquejan a nuestros ciudadanos. Igualmente contribuirá a la apertura de oportunidades a valientes y corajudos valores nacionales.