


Hay temas básicos en la mente del costarricense y son, ¿cómo lograr que el país finalmente dé el salto al desarrollo? ¿Qué hacer para que veamos a Costa Rica progresar y avanzar de una manera sostenida, que las promesas y sueños ofrecidos finalmente se hagan realidad? Esto es cada vez más relevante ya que va de la mano con las expectativas de la gente frente a la política, los partidos, el Estado y sus poderes. Según cual sea su abordaje podemos fortalecer el sistema o bien desencantar aún más a los diferentes sectores sociales, con las graves consecuencias sobre nuestra estabilidad política.
Si nos abocamos a resaltar las lecciones aprendidas iniciaría destacando el peso excesivo otorgado a la agenda económica, basada en un interminable debate sobre la deuda interna y una tremenda dogmatización del recorte del gasto público como la única alternativa de sobrevivencia nacional. Con el agravante de que el recorte del gasto se ha dado sobre los instrumentos que promueven la movilidad social: inversión en educación, capacitación técnica, salud e infraestructura entre otros; y no sobre los gastos superfluos, lo cual ha producido como resultado un tremendo deterioro en los servicios públicos y ha limitado ingratamente el ascenso social en nuestra sociedad.
Frente a este panorama podemos definir uno de dos caminos, dejar que las cosas sigan como están con lo cual cada vez veremos más polarizada la distribución de la riqueza y más estrujada la otrora fuerte clase media, o bien cambiar la orientación y definir una nueva ruta para el desarrollo. Yo me inclino por esta segunda alternativa, la única capaz de lograr una transformación en el país. Esta ruta pasa por los siguientes elementos:
La implementación de estas y otras medidas a desarrollar en próximos artículos parten de una premisa básica: no es la contracción y el recorte de la inversión la vía para salir adelante. Se requieren una visión y acciones más ambiciosas orientadas al crecimiento con distribución de la riqueza para construir la gran nación que todos merecemos.