


No comparto el editorial de La Nación en la cual denomina como la "Asamblea del miedo" a la última sesión del Partido Liberación Nacional .
Dije el domingo pasado que estamos viviendo la fatiga del ajuste económico y de la reforma del Estado, que los costarricenses llevamos mucho rato de estar oyendo hablar sobre estos temas.
Por eso insistí en una agenda social que Liberación Nacional debe presentar al país y al Gobierno en las próximas semanas. Enemigo del discurso abstracto y con clara inclinación a concretar mi pensamiento, definí como puntos fundamentales (no exclusivos) los siguientes:
Educación.
Es el único instrumento que nos permitirá combatir la pobreza, que los costarricenses puedan ascender en la escala social y convertirnos en país desarrollado. Sin aulas ni pupitres, con deserción alarmante en enseñanza media y sin estímulos a los docentes no lo vamos a lograr. Por eso demandé el fortalecimiento en la educación, para revertir esos problemas y luchar porque los presupuestos de las escuelas no los maneje el Ministerio, sino las Juntas de Educación, entre otras medidas.
Empleo pleno.
Acceso a empleo digno, con salarios justos y crecientes para cada costarricense. Por eso insistí en el apoyo a la pequeña y mediana empresa y a quienes trabajan en lo propio. Trabajo a los jóvenes: bachilleres, técnicos o universitarios; y los mayores de 48 años, a quienes por edad rechazan en los departamentos de reclutamiento de personal, merecen especial atención. Insistí, para promover mano de obra calificada, eliminar en el INA las ataduras que le impiden invertir recursos en más talleres y programas para capacitar obreras y obreros.
Salud.
Hablar de calidad de vida en un país en donde hay 70.000 personas en fila para ser operadas resulta irónico y demanda colocar a la salud en el lugar que merece. Insistí en que debemos revisar los programas de contratación privada de servicios que, según se ha denunciado, resultan más caros a la Institución que la compra propia de los equipos.
Reforma judicial.
Prescripción de casos de corrupción, excarcelaciones que facilitan evadir la acción de la justicia, asesinatos de mujeres en espera de engorrosos trámites judiciales tendentes a sacar a los agresores de la casa, cinco años para el cobro de unas prestaciones sociales. Esto muestra lo urgente de la reforma judicial. No podemos ver estos problemas sin actuar rápido, la Costa Rica del futuro demanda de justicia pronta y cumplida como la tuvimos en el pasado y merecemos.
Reforma tributaria.
Consciente de que la agenda social no se puede ver separada de la económica, ya que son las dos caras de una moneda, insistí en la urgencia de una reforma tributaria que ponga a pagar impuestos a quienes hoy los evaden, reclamé que cinco años después de entrada en vigencia la Ley de justicia tributaria, por la que luché como diputado y presidente de la Asamblea Legislativa, no se haya conocido de condenas por evasión fiscal. Todo país desarrollado ha logrado sus recursos con un buen régimen tributario.
Termino repitiendo que este país requiere de liderazgo y valentía, liderazgo para orientarnos por el rumbo del desarrollo, valentía para no temer la implementación de los cambios requeridos. Llevamos años discutiendo y buscando programas, pero hemos evidenciado ser pésimos en su ejecución. Por eso asumí el compromiso de luchar para que Liberación Nacional y el próximo gobierno nos caractericemos por lograr que las cosas finalmente se hagan en Costa Rica.
Si el editorialista de La Nación considera que una agenda que incluye educación, empleo, salud, reforma judicial y reforma tributaria constituyen una "asamblea del miedo" definitivamente jamás podremos estar de acuerdo.