La evolución de la tecnología nos ha traído una cantidad de nuevos instrumentos, que han revolucionado la comunicación, entre ellos Skype, un sistema telefónico gratuito entre usuarios y con tarifas muy bajas cuando se ingresa a las líneas comerciales. Casualmente fue adquirido por Microsoft por una astronómica suma, hace unas pocas semanas. 

Otros medios importantes y de gran cobertura son Facebook y Twitter. Ambos, pero sobre todo el primero, han cautivado en poco tiempo a millones de usuarios en el mundo y han cambiado completamente las reglas de la comunicación, la privacidad, la celeridad en el flujo de información, además de abrir espacios valiosos para que la gente se exprese, con una inmediatez inigualable. 

Fueron casualmente por estas redes que circuló de primera mano la noticia de la muerte de Osama Bin Laden; han sido determinantes en las revoluciones en el Norte de África y Medio Oriente, han servido para organizar movilizaciones sociales a nivel global y para que Obama anunciara en primicia a sus seguidores el nombre de Joe Biden como su compañero de fórmula, entre muchas noticias y hechos de trascendencia mundial en donde las redes sociales muestran un crecimiento ascendente cada vez más destacado. 

En Costa Rica dichas redes sociales han jugado un rol muy importante. Entre estos,  la oposición al aumento salarial de los diputados en mayo del año 2010. También fundamentales en acciones emprendidas por el Poder Ejecutivo como el cierre de la autopista a Caldera, la revocatoria a la decisión tomada por el Ministerio de Educación para cambiar la lista de lecturas obligatorias y en la no menos ridícula visita de Steven Seagal como especialista en temas de seguridad. De igual manera han sido decisivas en temas del sector privado como en el cambio de la mascota del Saprissa o la presión para la salida de circulación en el  mercado de los peligrosos juguetes incluidos en algunos productos alimenticios. 

Por ello es fundamental entender que en la política, -tema al que especialmente me voy a referir- así como en muchas otras áreas, los nuevos canales de comunicación y el creciente peso de las opiniones de ciudadanos gracias a la magia de las redes sociales nos ubican en un escenario muy diferente y positivo al del pasado. 

Ahora el ciudadano posee un instrumento, público y de gran cobertura para hacer denuncias, para emitir opiniones las cuales serán leídas y conocidas por muchos, que de ser buenas y de mucho peso generan un crecimiento geométrico del número de seguidores de esos puntos de vista, las cuales sin duda deberán ser valoradas por los operadores políticos y léase correctamente, dije valoradas, no seguidas, porque un líder debe escuchar, sopesar los puntos de vista y finalmente decidir lo mejor para el país y no lo que la gente quiere oír. 

Por eso hay que entender el rol de las redes sociales y abrir espacios para su verdadera dimensión. Muchas barreras que separaban al funcionario de la gente han desaparecido. No es necesario recurrir a las secretarias o asistentes que no dan citas, ni pasan llamadas, porque las redes permiten hablar directamente con la persona y hacer  preguntas en directo.
Las nuevas tecnologías han querido ser mal utilizadas por algunos mediante la creación de perfiles y usuarios anónimos y recurrir a las malas prácticas conocidas como la mano izquierda de la política, de las cuales ya circulan unos pocos en las redes. Olvidan que los usuarios de las RRSS se distinguen por su buen olfato y tarde o temprano las actuaciones y obsesión contra una persona o candidato en particular, los perfiles sin foto y poca información del o los usuarios, los delata con rapidez y sus participaciones tienen un efecto boomerang para los candidatos que recurren a ellos. 

Por otra parte, hay otros usuarios lectores naturales del sentir popular y con su ingenio o fino cinismo reflejan lo que muchos sienten y no pueden expresar. Excelentes ejemplos son El Chamuco, Fusil de Chispas, Oldemar de Tierra Blanca, entre otros. 

En síntesis las RRSS, si bien no son sinónimo de una encuesta de opinión pública nacional, pues todavía falta ampliar su cobertura para poder considerarlas  como tal, sin duda sí son una opinión calificada a seguir y valorar y el político o funcionario que no lo entienda, sigue en la época del telégrafo de hilos y las candelas. 

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