La evolución de la tecnología nos ha traído una cantidad de nuevos instrumentos, que han revolucionado la comunicación, entre ellos Skype, un sistema telefónico gratuito entre usuarios y con tarifas muy bajas cuando se ingresa a las líneas comerciales. Casualmente fue adquirido por Microsoft por una astronómica suma, hace unas pocas semanas. 

Otros medios importantes y de gran cobertura son Facebook y Twitter. Ambos, pero sobre todo el primero, han cautivado en poco tiempo a millones de usuarios en el mundo y han cambiado completamente las reglas de la comunicación, la privacidad, la celeridad en el flujo de información, además de abrir espacios valiosos para que la gente se exprese, con una inmediatez inigualable. 

Fueron casualmente por estas redes que circuló de primera mano la noticia de la muerte de Osama Bin Laden; han sido determinantes en las revoluciones en el Norte de África y Medio Oriente, han servido para organizar movilizaciones sociales a nivel global y para que Obama anunciara en primicia a sus seguidores el nombre de Joe Biden como su compañero de fórmula, entre muchas noticias y hechos de trascendencia mundial en donde las redes sociales muestran un crecimiento ascendente cada vez más destacado. 

En Costa Rica dichas redes sociales han jugado un rol muy importante. Entre estos,  la oposición al aumento salarial de los diputados en mayo del año 2010. También fundamentales en acciones emprendidas por el Poder Ejecutivo como el cierre de la autopista a Caldera, la revocatoria a la decisión tomada por el Ministerio de Educación para cambiar la lista de lecturas obligatorias y en la no menos ridícula visita de Steven Seagal como especialista en temas de seguridad. De igual manera han sido decisivas en temas del sector privado como en el cambio de la mascota del Saprissa o la presión para la salida de circulación en el  mercado de los peligrosos juguetes incluidos en algunos productos alimenticios. 

Por ello es fundamental entender que en la política, -tema al que especialmente me voy a referir- así como en muchas otras áreas, los nuevos canales de comunicación y el creciente peso de las opiniones de ciudadanos gracias a la magia de las redes sociales nos ubican en un escenario muy diferente y positivo al del pasado. 

Ahora el ciudadano posee un instrumento, público y de gran cobertura para hacer denuncias, para emitir opiniones las cuales serán leídas y conocidas por muchos, que de ser buenas y de mucho peso generan un crecimiento geométrico del número de seguidores de esos puntos de vista, las cuales sin duda deberán ser valoradas por los operadores políticos y léase correctamente, dije valoradas, no seguidas, porque un líder debe escuchar, sopesar los puntos de vista y finalmente decidir lo mejor para el país y no lo que la gente quiere oír. 

Por eso hay que entender el rol de las redes sociales y abrir espacios para su verdadera dimensión. Muchas barreras que separaban al funcionario de la gente han desaparecido. No es necesario recurrir a las secretarias o asistentes que no dan citas, ni pasan llamadas, porque las redes permiten hablar directamente con la persona y hacer  preguntas en directo.
Las nuevas tecnologías han querido ser mal utilizadas por algunos mediante la creación de perfiles y usuarios anónimos y recurrir a las malas prácticas conocidas como la mano izquierda de la política, de las cuales ya circulan unos pocos en las redes. Olvidan que los usuarios de las RRSS se distinguen por su buen olfato y tarde o temprano las actuaciones y obsesión contra una persona o candidato en particular, los perfiles sin foto y poca información del o los usuarios, los delata con rapidez y sus participaciones tienen un efecto boomerang para los candidatos que recurren a ellos. 

Por otra parte, hay otros usuarios lectores naturales del sentir popular y con su ingenio o fino cinismo reflejan lo que muchos sienten y no pueden expresar. Excelentes ejemplos son El Chamuco, Fusil de Chispas, Oldemar de Tierra Blanca, entre otros. 

En síntesis las RRSS, si bien no son sinónimo de una encuesta de opinión pública nacional, pues todavía falta ampliar su cobertura para poder considerarlas  como tal, sin duda sí son una opinión calificada a seguir y valorar y el político o funcionario que no lo entienda, sigue en la época del telégrafo de hilos y las candelas. 

En nuestro país existen muchas disciplinas deportivas, cada una con sus seguidores, clubes y entrenadores. Algunas tienen más practicantes y aficionados que otras. En unos deportes somos mejores que en otros. Desplegamos un verdader acroiris de actividades. No obstante, y a pesar de esa variedad, una de ellas cuenta en exclusiva con apoyo económico, respaldo claro y definido del Estado e incluso del sector privado, el fútbol. 

Los millones que se mueven en el fútbol hacen lucir como si sólo ese fuera el deporte costarricense, a tal extremo que el futuro entrenador de nuestra selección nacional devengará un salario de muchos millones de colones. Su ingreso mensual supera los presupuestos anuales de muchas federaciones deportivas juntas. 

Esto podría ser menos controversial si en el futbol fuéramos una potencia, al menos en nuestra región de Concacaf, y si esta disciplina generara grandes glorias para el país. En la realidad sin embargo, todo lo contrario. Vamos perdiendo posiciones de relevancia, países a los que en el pasado derrotábamos con facilidad nos superan y para rematar ni siquiera estuvimos en la última Copa Mundial. 

Son otras disciplinas las que nos dan reconocimiento mundial: natación con varias medallas olímpicas, atletismo con los triunfos de Nery Brenes, boxeo femenino con el título de Hanna Gabriel, ciclismo con dos excelentes jóvenes corriendo en Europa como son Andrey Aguilar en ruta y Paolo Montoya en montaña. Así podríamos citar otros ejemplos. 

Resulta completamente absurdo que quienes ponen en alto el nombre de nuestro país con gran sacrificio personal no cuenten con el respaldo decidido del gobierno. Son lamentables las historias que escuchamos de cómo muchos de estos deportistas no cuentan ni siquiera con lo mínimo cuando van a una competencia internacional y ni qué decir del número de los que no pueden asistir por falta de presupuesto, tiquetes, viáticos, entre una larga lista de otras limitaciones. La danza de millones del fútbol, debería de redistribuirse en beneficio de otras disciplinas. Necesitamos verdaderas escuelas deportivas que preparen a los medallistas de mañana, que permitan rescatar valores en provincias como Limón que por falta de asesoría, educación y preparación se desperdician y para que podamos rescatar o prevenir que muchos jóvenes caigan en la droga, el alcoholismo y la delincuencia. 

Una mejor distribución de los recursos dedicados al deporte, será sin duda una de las mejores armas para combatir la inseguridad ciudadana, la nefasta deserción, y los crecientes problemas de salud que aquejan a nuestros ciudadanos. Igualmente contribuirá a la apertura de oportunidades a valientes y corajudos valores nacionales. 

Recién acabamos de terminar una semana de fútbol, una semana de clásico. Como ocurre durante los siete días anteriores el comentario de la mayoría, -bien alimentado por programas deportivos- versaba sobre las alineaciones, especulaciones de resultados, la lesión de Wilmer, etc. Luego del resultado del domingo los liguistas terminamos contentos y los morados esperando la revancha en la próxima visita manuda al Ricardo Saprissa. Los problemas de la Corporación Fischel, del costo de vida, de falta de rumbo del gobierno pasaron a segundo plano al igual que muchos otros temas de la vida cotidiana. 

Es por eso que conviene,  a la luz de una semana cargada de fútbol, comentar sobre el deporte en el país. Es necesario que el gobierno, la prensa, los publicistas entre otros, entiendan que deporte no puede ser sinónimo de fútbol, que en el país existen una gran cantidad de disciplinas deportivas que también merecen ser destacadas en los medios de comunicación, recibir el apoyo decidido del gobierno y el respaldo de patrocinadores y anunciantes, como una vía para poder levantar su nivel y facilitar una mayor cantidad de deportistas. 

Si logramos implementar una mayor vinculación de la gente: niños, jóvenes y adultos, a las actividades deportivas y a la realización del ejercicio físico daremos un paso importante en la transformación de muchos de los hábitos de nuestra ciudadanía. Sin lugar a dudas si abrimos a lo largo y ancho del territorio nacional muchas más opciones de parques para la recreación y espacios para practicar diferentes deportes, estaremos dando un paso firme en la lucha contra la droga, el alcoholismo y la delincuencia. Si utilizamos el deporte y la recreación como una vía para reintegrar la familia costarricense también estaremos sembrando mejores opciones para nuestra sociedad. Cuando visito zonas como Limón, que es un semillero de deportistas de las más distintas disciplinas y a la vez veo la falta de lugares para practicarlos, me pregunto: ¿cuántos valores que podrían sobresalir nacional o internacionalmente se están perdiendo por falta de oportunidades? Resulta increíble el deterioro del gimnasio donde juega el equipo de baloncesto de la provincia, en medio de goteras y en áreas sin el piso completo y eso tratándose de la primera división y de un equipo que incluso ha sido tetra campeón nacional; o la condición de abandono en que se encuentran muchas instalaciones de juegos nacionales. Ejemplos como estos abundan en todas las provincias. 

Resulta por ello imperativo implementar una buena política gubernamental para el deporte y la recreación, que inicie ocupándose de la infraestructura con construcción de parques y áreas de práctica deportiva, que repare muchas de las deterioradas instalaciones existentes, que apoye a los deportistas con becas, programas especiales para los que sobresalen en el alto rendimiento, que incluso dé la oportunidad de intercambios con países amigos; verdaderos semilleros y escuelas para niños que permitan sembrar las futuras generaciones de deportistas necesarias para el país. Esto inicia la cobertura de la educación física al ciento por ciento, tanto en primaria como secundaria.

Si cuantificamos los costos que un programa de esta envergadura tiene y los comparamos con lo que está costándole al país la atención de una serie de problemas y patologías sociales, y sumamos los beneficios en la salud pública y en la mejor convivencia familiar y ciudadana, fácilmente concluiríamos que las bondades y los beneficios que como sociedad podemos obtener justifican en mucho su implementación. 

En el país estamos fallando en la visión de largo plazo, somos tremendamente corto placistas. Una buena vía hacia el cambio es volver los ojos al deporte y la recreación.

En el año 1903 se corrió el primer Tour de Francia, y desde entonces hasta este año
por primera vez, un centroamericano, el costarricense Andrey Amador participó en
la carrera más prestigiosa del ciclismo. Fue necesario que transcurriera más de un
siglo para que un corredor de esta región cruzara la meta en el último día del Tour
en los Campos Elíseos en París.
Es importante destacar que para llegar a correr el Tour se deben superar una
cantidad importante de barreras: es necesario formar parte de un equipo con un
presupuesto que fácilmente supera los siete millones de dólares, y ser escogido en
la “alineación” del grupo para esa carrera. Dado que durante el año hay
innumerables competiciones en Europa además de las tres grandes: El Tour, Giro
de Italia y la Vuelta a España, los equipos rotan a sus corredores entre las distintas
competencias. Por esa razón el llegar al Tour es ya de por sí una hazaña.
En el caso de Andrey Amador su esfuerzo y sacrificio inició hace muchos años y no
me refiero a sus días de ciclista en nuestro país, ya de por sí de un gran trabajo y
sacrificio, sino a que debió trasladarse a Europa e iniciar su vida como ciclista en el
viejo continente. Gracias a sus éxitos, fue escogido por su anterior equipo para
correr el Giro de Italia en el año 2010, donde finalizó en el lugar cuarenta y uno,
considerado muy bueno por el alto nivel de esa competencia. Dichosamente, para el
Tour del 2011 recibimos la grata noticia de que el equipo Movistar, en el que milita,
lo había seleccionado dentro del pequeño y privilegiado grupo que correría esta
carrera. Para el ciclismo nacional y centroamericano se trata de un hecho histórico,
que hizo vestirse de gala a nuestro país.
Sin embargo, las cosas no fueron nada fáciles para Andrey durante los últimos
meses. En diciembre pasado fue una víctima más del hampa, al ser asaltado
mientras entrenaba en las montañas de San Rafael de Heredia y como producto del
ataque estuvo inconsciente alrededor de seis horas. Además en abril sufrió una
quebradura de clavícula en una etapa de la Vuelta a Asturias.
El pasado 2 de julio dio inicio el Tour de Francia. Fue precisamente en la primera
etapa. Ante una caída colectiva, Andrey fue uno de los que llevó la peor parte y
resultó con una lesión en su tobillo izquierdo: un esguince de segundo grado.
En ese momento ante los ojos del ciclismo mundial, médicos y comentaristas se
daba por seguro que no terminaría el Tour y en pocas horas anunciaría su retiro. Si
es difícil terminar esta competencia de 21 etapas y 3.431 kilómetros en buenas
condiciones, ¿cómo debe ser terminarla con una lesión en el tobillo? Miembro
fundamental en el proceso de pedalear.
Andrey, superó toda expectativa. No se dejó vencer y frente a la adversidad sacó lo
mejor de sí, trabajando día a día, pedaleando mientras soportaba el dolor de su
lesión, superando etapa tras etapa, algunas tan duras que lo tuvieron, como el
mismo confesó, al borde del retiro. Pero siempre pudo más su coraje, su casta de
luchador, su espíritu combativo y las lecciones aprendidas de sus padres para salir
adelante.
En medio de estas dificultades y contra todos los pronósticos Andrey terminó el Tour
de Francia y con ello nos dio un ejemplo de pundonor y lucha. Para quienes
seguimos la competencia fue muy emotivo escuchar a la comentarista estrella de
ESPN Georgina Ruiz Sandoval (Goga) destacar en cada etapa el desempeño
heroico de nuestro representante. Al igual que ella, muchos medios europeos
insistentemente comentaron “la hazaña” de Amador.
Debemos aprender de esta historia, la de un muchacho costarricense ejemplar. Su
espíritu de lucha debe ser ejemplo para deportistas de otras disciplinas y para todos
nosotros. Nos ha demostrado que pese a la adversidad nunca hay que renunciar a
nuestros sueños y que la disciplina, actitud positiva y sobre todo el coraje son
siempre elementos clave para alcanzar la meta.

Una vez más Costa Rica celebró el Festival Internacional de las Artes (FIA ’98), tradición que fortalece los lazos entre nuestro país y los visitantes, y que nos ofrece a los costarricenses la posibilidad de estar en la primera fila ante diversas actividades de  la vanguardia cultural del mundo.
El FIA es una tribuna para exponer nuestra certeza de que, hermanándonos en el arte, seremos dueños de una sensibilidad cada vez más despierta, frente a la construcción del presente y del mañana, en pos de una sociedad solidaria, más justa y libre para todos. Esta actividad constituye una oportunidad de aportar la imagen de la cultura como un modelo de desarrollo integral, que busca el bienestar del ser humano, donde quien la produce se realiza en ello, y donde el espectador se enriquece mientras se recrea. 

Esta fiesta es el resultado de la labor del capacitado equipo que ha asumido el reto de convertirnos en la capital cultural del área y de mantenernos, con cada edición del FIA y con su quehacer diario a lo largo del tiempo de organización, como un prestigioso punto de referencia ante la comunidad artística mundial. 

Todo este trabajo, hoy plasmado en las realizaciones presenciadas en nuestros teatros y calles, proclama que en la seguridad que brindan la paz y la democracia, es viable para un pueblo  expresarse de manera libre y creativa por medio de las artes, para mejorar su condición y aportar a la de otros que puedan aprovechar su mensaje. Ante esto, es importante considerar que la producción artística es un trabajo permanente y amerita que el apoyo que se le brinda no se limite al tiempo de presentación de los festivales, sino que dure todo el año. 

En términos de organización, resulta sobresaliente el importante esfuerzo mancomunado entre instituciones gubernamentales y empresas privadas; esto constituye un ejemplo para seguir en otras áreas. 

Los artistas y los administradores que lo han realizado, las empresas que lo han patrocinado y los gobiernos que lo han auspiciado, han llevado a nuestros festivales de las artes a figurar entre los mejores de Hispanoamérica. Esta es una prueba más de que Costa Rica puede asumir, en diferentes áreas del quehacer humano, una posición del liderazgo, que ojalá pronto nos convirtiera en el primer país desarrollado en América Latina. 

ECon la publicación de su último libro, “El secreto encanto de la KGB,” Marjorie Ross nos hace un buen regalo a sus lectores. Se suma esta obra a su rica y variada producción en la que destacan entre otros, “Al calor del fogón”, “La magia de la cocina limonense” y “La otra vanguardia, la vida de Jaime Cerdas”. 

Este nuevo libro narra interesantes historias de acciones, estilos, sistemas de operación, aliados y amigos de la “temible” KGB, órgano del estado soviético dedicado a labores de inteligencia, represión, promoción de insurgencias y asesinatos, para citar solamente algunas de sus más relevantes funciones. Nos traslada a una época de la historia de la Unión Soviética sometida a la paranoia de José Stalin, quién aniquiló con la misma frialdad a sus enemigos como a sus aliados y amigos que caían en desgracia. El libro nos transporta al planeamiento y final consumación del asesinato de Trosky, pasando por pasajes de su vida en el exilio en México y la vinculación y romance con la artista Frida Kahlo y su esposo Diego Rivera. 

Este paso por la era de la Guerra Fría, nos ubica en el periodo de expansionismo del comunismo y evidencia cómo artistas e intelectuales connotados de América Latina se suman y facilitan diferentes acciones de la política soviética y estalinista.
La narración la hace la autora al desarrollar las diferentes vidas y personalidades que asume un connotado agente y espía Iósif Griguliévich quien con gran habilidad desempeña diferentes roles y personajes en el mundo del espionaje, y a pesar de que sus más cercanos jefes y compañeros terminan bajo la paranoia de Stalin, logra sortear todos esos vaivenes propios de la época para terminar sus días como un destacado académico. 

Pero ¿qué hace que esta obra pase de ser una historia del espionaje soviético a convertirse en una obra de historia costarricense? Ni más ni menos que una de las vidas de Griguliévich es como ciudadano costarricense, quien pasaporte en mano, facilitado por un escritor patrio quien para la época se desempeñaba como cónsul de nuestro país en una nación suramericana, llega incluso a desempeñarse como miembro de nuestro servicio exterior en Europa, desde donde se relaciona con empresarios, ministros y ex presidentes de la República. 

Su rol llega a ser tan distinguido, tanto en Costa Rica como en el Kremlin, que ejerciendo como nuestro representante diplomático se le ordena ejecutar el asesinato del Mariscal Tito, Jefe de Estado de la antigua Yugoslavia y objeto de la furia de Stalin. Es casualmente la muerte del déspota ruso lo que cancela los planes y libra a nuestro país de verse involucrado en una acción de semejante naturaleza.

Es interesante destacar como esa ingenuidad o bien esa facilidad -presente  en el país y en nuestros círculos políticos- para sucumbir frente a recepciones, cenas elegantes, apellidos sonoros o ante la ostentación de riqueza, lleva a que un espía bien asesorado por un compatriota nuestro, fácilmente escale en nuestra diplomacia hasta estar a punto de cometer un asesinato que habría conmocionado al mundo. 

Historias como esta nos recuerdan a Savundra y otros personajes acogidos con distinción en las estructuras económicas, políticas y diplomáticas del país. Ojalá que la publicación de esta historia nos desarrolle una mayor y mejor malicia para evitar tanta candidez en el entorno nacional. 

Sin lugar a dudas esta obra, seriamente documentada, respaldada en una sólida investigación y escrita de una forma sencilla y amena, es de obligada lectura tanto para entender mejor una época (la Guerra Fría) un sistema político (el soviético estalinista) como un estilo costarricense (el fácilmente impresionable). Desde ya esperamos la próxima producción de Marjorie. 

Era marzo de 1964, mis padres me despertaron de madrugada, debía alistarme para ir por primera vez a un centro educativo, iniciaría ese día el kínder. Una vez listo, ambos me llevaron al Colegio Calasanz y ahí me dejaron en una de sus aulas. Esa fue la primera vez que me dejaban solo en algún lugar fuera de nuestra casa o la de las abuelas. 

Ese fue el inicio de una linda y provechosa relación entre el Calasanz y yo que se extendió por doce largos pero fructíferos años. En esa primera lección recuerdo que era tan tímido que cuando se pasó lista e iniciaron con mi nombre (desventaja de tener un apellido que inicia con la letra A) me quedé congelado y no pude ni levantar la mano, ni decir presente. Me gané una injustificada ausencia. 

Poco tiempo después de mi ingreso, -hoy la memoria me juega una mala pasada y no puedo recordar con certeza si fueron meses o un par de años- fue destacado como director de la sección de primaria el sacerdote Francisco Ibiza Jordá, a quien a partir de ese momento conoceríamos como el padre Ibiza. Al conocerlo no teníamos idea de lo que nos esperaba y mucho menos de la huella imborrable que dejaría en nuestras vidas, ni del gran apoyo que significaría en la formación de nuestro carácter, personalidad y valores. 

Desde el inicio de sus funciones, el padre Ibiza se convirtió en una fuerte autoridad para los alumnos. Su sola presencia imponía respeto, la sola mención de su nombre nos asustaba, pero lo más importante el saber que era el director de Primaria -de alguna manera difícil de entender por nuestra corta edad- nos daba una seguridad frente al mundo exterior de que estábamos recibiendo una educación y preparación de primera calidad. 

Durante los años que estuve en la escuela, viví innumerables experiencias con él, desde regañadas hasta algunas secas felicitaciones “porque el deber no se felicita, cumplirlo es una obligación”. Recuerdo particularmente una que me marcó para siempre. Sucedió en sexto grado, teníamos un examen de matemáticas y no habíamos estudiado lo suficiente, entonces junto con otro compañero buscamos al padre Ibiza para cambiar la fecha. Luego de que le dimos las más “sólidas” razones para hacerlo, sin pensarlo dos veces se volvió y nos dijo palabras más palabras menos: “sois unos cobardes las cosas se hacen cuando corresponde y sin excusas”, pues la cosa no terminó ahí, la siguiente oportunidad que se encontró con papá le dio su queja sobre mi indebido interés por cambiar una fecha de un examen de matemáticas. De forma que tuve dos regañadas: la del padre y la de papá. 

Lecciones como esas marcaron mi formación. Gracias al Colegio Calasanz, sus sacerdotes y profesores, como Francisco Ibiza y por supuesto a mis padres fue que pude forjar mi carácter, valores y personalidad. En el Cala aprendí mucho más allá de las ciencias y las letras, aprendí la solidaridad en las luchas de San José de Calasanz por las educación a todos los niños sin distingo de nivel social, a tener un juicio crítico y a cuestionar las cosas, a no aceptar la realidad tal como es y a tener las agallas para luchar por cambiarla cuando no estamos a gusto con ella. Ellos no tienen culpa de mis errores en la vida, pero debo reconocer que en los aciertos y las cosas buenas ha estado su huella presente. 

Hoy, encontrándome fuera del país, recibo con dolor la noticia de que el padre Ibiza ha fallecido. No pudo más que conmoverme y traerme a la memoria tantas cosas lindas y difíciles de mi niñez y de mi agradecimiento al Colegio que me formó. Cómo pudo ser mi vida sin el Cala? Me pregunto, y rápido me respondo: por dicha fue con el Cala. 

Adiós, padre Ibiza, adiós a su paso por esta etapa terrenal. En un futuro estaremos de nuevo reunidos y sin duda le rendiremos cuentas y usted nos llamará como siempre la atención. Mil gracias padre por la huella que dejó en nosotros, aunque lo hago a título personal sé que es el sentimiento de muchos de sus discípulos. 

Lleva razón don Edgar Espinoza al señalar que lo importante para los costarricenses en esta campaña electoral es señalar el cómo y no el qué.

En un reciente debate al que fuimos invitados los precandidatos por El Financiero, insistimos en que el reto no es solo decir qué vamos a hacer, sino cómo vamos a concretarlo. Utilizamos como ejemplo el siguiente: los políticos tradicionales hablan siempre de que se va a mejorar esto o fortalecer aquello, pero nunca dicen cómo lo van a lograr. Siempre hemos creído en dar soluciones concretas a los problemas. Por ello, hemos insistido en que nuestra primera acción en nuestro futuro gobierno a partir de mayo del 2002 será la promulgación de la Ley para la gobernabilidad. 

Ley para la gobernabilidad. El error cometido en el pasado, ha sido pretender la reforma de leyes completas (Reglamento de la Asamblea Legislativa, Ley de contratación administrativa, entre otros). Sin embargo, hoy más que nunca y por nuestra experiencia en la función pública estamos convencidos de que en la búsqueda de la perfección, hemos perdido la oportunidad de modernizarnos y por eso creemos en la urgente necesidad de una ley muy simple que vuelva gobernable al país. 

Con nuestro equipo hemos identificado 20 normas jurídicas, individuales (no leyes totales) cuya reforma permitirá que este país retorne a la gobernabilidad. Nuestro objetivo sería aprobar el proyecto de ley los primeros 60 días de mandato.
La simplicidad del proyecto permitirá a los diputados y a la opinión pública llevar un proceso muy concreto de discusión, y por tanto su aprobación pueda ser lo más expedita posible. 

Propuestas. Oportunamente daremos a conocer esta propuesta de manera integral, pero creemos conveniente señalar hoy algunos temas que ahí se incluyen:

Con estos puntos y otras áreas que se incluyen en la ley de gobernabilidad podremos garantizarle al país que vamos a tener un Gobierno capaz de que las cosas se hagan. Además será absolutamente necesario el liderazgo y valentía del futuro gobernante.
Solo así lograremos construir la sociedad que genere bienestar para el mayor número de costarricenses y avanzar hasta convertirnos en el primer país desarrollado de Latinoamérica.

En los albores del siglo  ninguna tarea política resulta más urgente en Costa Rica que la de crear y activar nuevos espacios para la participación de los ciudadanos en la gestión de los asuntos públicos. Tal priorización no es una moda ideológica o la manifestación de un discurso populista. Es, mejor, el fruto de una doble constatación; en primer lugar, nuestro sistema político, -crecientemente percibido como poco participativo- ha visto debilitada su legitimidad popular, requisito fundamental para una acción eficaz; en segundo lugar, la participación ciudadana es la que hace a cada individuo responsable para con su entorno social. Solo nos sentimos responsables por aquellos proyectos en los que genuinamente somos partícipes. Una sociedad excluyente es, inevitablemente, una sociedad de seres individualistas e irresponsables. Nada es más importante que hacer de la nueva Costa Rica una empresa en la que todos seamos, ante todo, socios.

Esta participación es especialmente necesaria en la gestión de las políticas sociales del Estado costarricense. El último medio siglo se ha caracterizado en nuestro país por la presencia dominante del Estado en la solución de problemas sociales que van desde la mortalidad infantil hasta el analfabetismo, pasando por la pobreza extrema que usualmente va ligada a ellos. Los resultados de esa intervención han sido, en general, extraordinarios, pero ya no son suficientes. Como fruto de esa elevación de su calidad de vida, las expectativas de nuestro pueblo son cada vez mayores, y los entes públicos rígidos y burocratizados que tenemos difícilmente serán capaces de responder de manera ágil a esas demandas. Es por ello conveniente transferir una parte cada vez mayor de los fondos públicos para proyectos sociales para que sean administrados y ejecutados por las organizaciones autónomas de la sociedad civil, por aquellas instancias organizadas que conocen íntimamente las necesidades de su comunidad y que, por ser parte de ella, son menos propensas a la manipulación de los fondos sociales con fines de clientelismo político. 

En sociedades modernas cada quien debe hacer lo que mejor puede hacer: los órganos decisorios del Estado son insustituibles en la formulación de las grandes políticas sociales, pero son mucho menos capaces que las organizaciones comunales para identificar los destinatarios que realmente necesitan de ellas y, por tanto, menos capaces de proveer los servicios sociales con un mínimo de desperdicio. Sin la colaboración cotidiana de las organizaciones de la sociedad civil, las políticas del Estado pueden rascar los problemas sociales y aún rascarlos bien, pero rascarán donde no pica. 

Eso es una pequeña parte de una agenda participativa más amplia y profunda. Si queremos construir una sociedad participativa es imperativo que las políticas públicas favorezcan el pleno empleo de nuestra fuerza laboral y la igualdad de género. Solo el que participa creativa y dignamente en la creación de riqueza de una sociedad, estará dispuesto a defenderla y a ser responsable con ella, y, correlativamente, menos dispuesto a escuchar las diatribas de los demagogos. El estímulo a la pequeña y mediana empresa es un camino necesario para reducir el desempleo y el subempleo, favorecer la integración de la mujer al mercado laboral y hacer de cada costarricense un accionista de esta gran empresa común que es nuestra economía, como ya somos accionistas de su sistema político a través del sufragio. Uno de los grandes retos del futuro es, por ello, hacer de Costa Rica un país en el que nuestros niños aspiren a ser empresarios de verdad, en el que sean educados para desarrollar su iniciativa y creatividad, un país en el que las oportunidades económicas y políticas de cada ser humano estén determinadas, como lo decía Martin Luther King, por el contenido de su carácter y no por su origen, sexo o el color de su piel. Favorecer la participación creativa de todos es la médula del reto de la nueva Costa Rica. 

No comparto el editorial de La Nación en la cual denomina como la "Asamblea del miedo" a la última sesión del Partido Liberación Nacional .

Dije el domingo pasado que estamos viviendo la fatiga del ajuste económico y de la reforma del Estado, que los costarricenses llevamos mucho rato de estar oyendo hablar sobre estos temas. 

Por eso insistí en una agenda social que Liberación Nacional debe presentar al país y al Gobierno en las próximas semanas. Enemigo del discurso abstracto y con clara inclinación a concretar mi pensamiento, definí como puntos fundamentales (no exclusivos) los siguientes:

Educación. 

Es el único instrumento que nos permitirá combatir la pobreza, que los costarricenses puedan ascender en la escala social y convertirnos en país desarrollado. Sin aulas ni pupitres, con deserción alarmante en enseñanza media y sin estímulos a los docentes no lo vamos a lograr. Por eso demandé el fortalecimiento en la educación, para revertir esos problemas y luchar porque los presupuestos de las escuelas no los maneje el Ministerio, sino las Juntas de Educación, entre otras medidas. 

Empleo pleno. 

Acceso a empleo digno, con salarios justos y crecientes para cada costarricense. Por eso insistí en el apoyo a la pequeña y mediana empresa y a quienes trabajan en lo propio. Trabajo a los jóvenes: bachilleres, técnicos o universitarios; y los mayores de 48 años, a quienes por edad rechazan en los departamentos de reclutamiento de personal, merecen especial atención. Insistí, para promover mano de obra calificada, eliminar en el INA las ataduras que le impiden invertir recursos en más talleres y programas para capacitar obreras y obreros. 

Salud. 

Hablar de calidad de vida en un país en donde hay 70.000 personas en fila para ser operadas resulta irónico y demanda colocar a la salud en el lugar que merece. Insistí en que debemos revisar los programas de contratación privada de servicios que, según se ha denunciado, resultan más caros a la Institución que la compra propia de los equipos. 

Reforma judicial. 

Prescripción de casos de corrupción, excarcelaciones que facilitan evadir la acción de la justicia, asesinatos de mujeres en espera de engorrosos trámites judiciales tendentes a sacar a los agresores de la casa, cinco años para el cobro de unas prestaciones sociales. Esto muestra lo urgente de la reforma judicial. No podemos ver estos problemas sin actuar rápido, la Costa Rica del futuro demanda de justicia pronta y cumplida como la tuvimos en el pasado y merecemos. 

Reforma tributaria. 

Consciente de que la agenda social no se puede ver separada de la económica, ya que son las dos caras de una moneda, insistí en la urgencia de una reforma tributaria que ponga a pagar impuestos a quienes hoy los evaden, reclamé que cinco años después de entrada en vigencia la Ley de justicia tributaria, por la que luché como diputado y presidente de la Asamblea Legislativa, no se haya conocido de condenas por evasión fiscal. Todo país desarrollado ha logrado sus recursos con un buen régimen tributario. 

Termino repitiendo que este país requiere de liderazgo y valentía, liderazgo para orientarnos por el rumbo del desarrollo, valentía para no temer la implementación de los cambios requeridos. Llevamos años discutiendo y buscando programas, pero hemos evidenciado ser pésimos en su ejecución. Por eso asumí el compromiso de luchar para que Liberación Nacional y el próximo gobierno nos caractericemos por lograr que las cosas finalmente se hagan en Costa Rica. 

Si el editorialista de La Nación considera que una agenda que incluye educación, empleo, salud, reforma judicial y reforma tributaria constituyen una "asamblea del miedo" definitivamente jamás podremos estar de acuerdo. 

Espacio para compartir ideas, análisis y propuestas para construir juntos una mejor Costa Rica.
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